Sona: Pausar y escuchar

Por: Galilea V.

¿Cada cuánto te detienes a escuchar? A tu familia, tu entorno, las hojas de los árboles cuando las mueve el viento o los aviones que pasan encima de tu cabeza.

Siempre estamos oyendo, pero en la actualidad, y especialmente en lugares tan llenos de ruido como la Ciudad de México, es complicado tomar una pausa y decidir escuchar lo que sucede a nuestro alrededor. En el alza de bares de escucha, restaurantes o cafés hi-fi, un semisótano ubicado en la colonia Condesa propone algo diferente: escuchar profundamente, sin nada para distraerte a tu alrededor.

Sona, como lo describen en su sitio web, es un espacio que nace a partir de la idea de la conexión a través de pausar y prestar atención. En esta ocasión tuve la oportunidad de entrevistar a Pau y Lulo, miembros fundadores del proyecto, respecto a los orígenes de Sona, su propósito y la creciente necesidad que tiene la gente por pausar e interactuar de manera más orgánica con el arte y aquellos quienes compartan los mismos intereses.

Casi Cielo: ¿Cuál ha sido su proyecto favorito para escuchar en el espacio?

Lulo: Edgar Mondragón y Eric López hicieron un performance en vivo que se llama Jardín Perpetuo. Ellos hacen música con un género que se llama Drone, que es interpretada como ruido sostenido o sonido con poca información. No se hace con instrumentos tradicionales, está hecho electrónicamente. Cuando escuchas ese sonido en alta calidad, te vacía la mente de información y te permite dejarte ir y explorar cosas.

Se vuelve una dicotomía entre lo muy ruidoso, pero también con mucha claridad mental al mismo tiempo. Pensarías que si le avientas ruido a tu mente, este no te va a dejar pensar, pero ese tipo de música o sonido te genera lo contrario y te da mucho espacio para pensar y desaparecer, casi.

No estás tratando de interpretar el sonido, más bien estás dentro del sonido. El efecto meditativo que tiene ese género y ese performance que hicieron me gustó mucho.

Pau: Yo creo que Holst: The Planets de Vladimir Jurowski. Ahorita lo tenía fresquito porque alguien me estaba preguntando acerca de la programación. Fue de mis últimas sorpresas de cómo escuchar y sentir una música muy contemporánea, fresca y entender que esto se hizo hace más de un siglo. Me recuerda el superpoder de la música y lo humana que es. Me parece muy bonito poder poner algo que se escribió en 1917 y después escuchar Rihanna a la siguiente hora y que convivan en el mismo lugar.

CC: Y que todo siga moviendo a la gente de la misma manera, ¿no? Cada quién en su experiencia personal, pero removiendo cosas al final.

Pau: Sí. Estamos muy acostumbrados a consumir lo que se lanza en las últimas 24 horas, ser el primero que lo haga. Poder romper con eso es refrescante. El arte tiene una vida muy larga, mucho más que esas últimas 24 horas que le estamos dando.

CC: ¿De dónde nace la idea tan particular de Sona? Pudo haber sido un hi-fi bar más, pero ¿en dónde entró el factor de estar presente?

Lulo: Hubo varias semillas de inspiración. Una fue unas bocinas que armé con una amiga en mi depa, y creo que el efecto de sentarte frente a una bocina sin hacer nada fue muy poderoso y el “sin hacer nada” tenía que ser así de radical para que funcionara. Estamos tan intoxicados con el teléfono que es muy fácil perder la atención.

Otra semilla, por ejemplo, fue un curso de una disciplina que se llama deep listening que está en una universidad de Nueva York. Este expande la definición de sentarte en la bocina, es más bien como el proceso de poder llevar más allá la acción de escuchar. También la cultura de los jazz kissa en Japón, que son de donde muchos bares toman su estética, funcionamiento y programación.

En Japón hay una cultura del silencio muy fuerte que en Latinoamérica no existe. Hay un respeto por la armonía y por el silencio que siento que acá no es parte de nuestra cultura. Somos diferentes: una cultura de mucha comunicación y de mucho ruido alto como contexto social. La cultura en Japón es solitaria e introspectiva. Es muy común ver a un trabajador que, después de su día de chamba, se va a tomar un té a un Ongaku Kissa, (Ongaku: música; Kissa: café). Los ves sentados, con un té en las manos y con los ojos abiertos viendo hacia una pared de bocinas.

También nos inspiró el trabajo de un diseñador de bocinas que se llama Devon Turnbull. El crea instalaciones muy escultóricas en museos, donde invita a la gente a sentarse a apreciar el sonido, desde su trabajo creando la bocina con la práctica de do it yourself (hazlo tú mismo). Él comenzó tomando manuales y publicaciones japonesas y ensamblando componentes electrónicos para crear bocinas.

Hay muchas semillas y Sona es una síntesis de todas estas ideas aplicadas al contexto moderno de una ciudad ocupada, una vida estresante, y de una vida digital también. Y al contexto de una programación muy actual. Todos queremos oír algo diferente y todo vale la pena oírse. Entonces, Sona reconoce que en vez de tener una postura editorial sobre un género o un gusto, todos queremos escuchar muchas cosas diferentes.

Esta es nuestra versión de todas esas ideas y prácticas. Todo el tiempo nos compartimos nuevos descubrimientos como que en Corea hay rituales como de descanso con gongs, y que cierta marca está haciendo una cosa con bocinas.

Hay una necesidad de todos de detenerse a escuchar y Sona es nuestra receta particular de todos esos ingredientes.

Está padre que existan también los bares de escucha. Creo que eso es una herencia directamente de los bares en Japón solo que en Latinoamérica es muy complicado lograr combinar el alcohol con el silencio. En realidad lo que hace fisiológicamente el alcohol es desconectarte, es lo contrario de una práctica de escucha: esta se trata de atención, de conciencia, de percepción y de presencia.

La provocación que traemos al mundo (como Sona) es: ¿qué pasa si desconectas la música del alcohol? Es una pregunta muy sencilla, pero que cambia absolutamente todo.

CC: Me gusta que lo manejes como una provocación. En este momento de la historia ya existe una necesidad de detenernos, y eso hace a Sona hasta disruptivo, ¿no? Sacar ciertos factores que son muy propios de nuestra cultura latinoamericana para que algo funcione y verlo tal vez como un reto.

Lulo: Totalmente, y sí proponemos algo retador. Creo que ha sido parte de lo interesante y de lo valioso: cuando sale de una sesión tiene una sensación de logro además de una de descanso y asombro: “logré hacer algo que es difícil en este mundo moderno”.

CC: En su página me mencionan que el lugar fue fundado por un grupo de amigos. ¿Qué consideran que aportó cada quien para materializar la idea que tenían?

Lulo: No es una lista exclusiva, sería más como un diagrama de Venn. Hay aportaciones creativas en cuestión del espacio, en la programación, en la experiencia del sitio web, por ejemplo. Hay aportaciones de valentía y de ánimo, en especie y monetarias también.

Es difícil hacer un balance de aportaciones, pero definitivamente si no se hubiera unido el grupo de personas que se unió, probablemente no estaríamos aquí.

Pau: Yo creo que el statement de ponerlo público en nuestra carta de presentación va con la intención de crear la base para la comunidad que estamos construyendo. Queremos seguir fomentando esa comunidad y reactivar estos terceros espacios que no se enfoquen al consumo y donde el alcohol regresa a tener protagonismo. El “construido por amigos” habla de la energía con la que queremos que estas cosas sucedan.

CC: Tal vez hace más alusión al hecho de que sin las aportaciones de las personas que ustedes conocen, por pequeñas que fueran, no sería posible la existencia de Sona, ¿no?

Lulo: Sí, la gente nos dió muchos ánimos para hacerlo. Eso no se puede contabilizar. Yo tenía muchas dudas respecto a cómo sería recibido. Si tendría éxito, o si la gente vendría. La idea es tan simple que podría ser estúpida al mismo tiempo: un cuarto para escuchar música y nada más. Pero funciona.

CC: ¿Cuál es el proceso de curación para su programación? ¿Consideran algún concepto durante la planeación o la arquitectura sonora de los proyectos que eligen?

Pau: Una palabra que nos ayuda a explicarlo de manera muy operacional y cuando nos preguntan es: sudoku. Construimos un sudoku cada semana y cumple con diferentes cosas, unas más obvias que otras. El producto más común que tenemos en Sona es un álbum completo. Este debe de contar una historia y sentirse como un platillo, como una sola cosa de inicio a fin. No todos son construidos desde ese lado.

Casi la mitad de las cosas que se programan están en audio espacial o en Dolby Atmos, entonces nos aseguramos de que haya diversidad de formato entre hi-fi y estéreo, y que las personas puedan encontrar esta diversidad y estas provocaciones de la música misma. No está confirmado factualmente, pero creo que somos la sala de escucha más activa del mundo, o sea, que más pone música en este formato específico de venir a un espacio a sentarte solamente a escuchar sin querer venderte nada adicional.

Este formato nos permite tener este volumen (de actividad) y que éste conviva con la conversación pop que está sucediendo en la ciudad: cuáles son los temas que nos importan, los sonidos que nos importan, los artistas que están enfrente de la conversación y quién conversa también con todo esto desde otros espacios.

La programación, que es organizada por el grupo de Sona, conecta con nuestras historias y gustos personales también, definitivamente.

La comunidad también es parte fundamental. Siempre nos dicen, por ejemplo: “creo que es momento de escuchar este álbum, este artista… de escucharlo de nuevo.” Hay una fórmula, tal vez de tres o cuatro elementos, pero también procuramos seleccionar cosas que hagan que valga la pena una hora de tu atención. Somos muy respetuosos de ese tiempo.

CC: Recuerdo que la primera vez que vine les sugerí añadir Absolutely de Dijon a la programación y un mes después ya estaba publicado. Fue muy lindo sentirme tomada en cuenta de esa manera y es refrescante ver que están abiertos a las propuestas de la comunidad.

Lulo: Tratamos de programar sin creencias previas y sin nuestro ego de por medio, aunque curar significa seleccionar y privilegiar. Cuando no conocemos algo tratamos de escucharlo con esa directriz en mente: “¿vale la pena que alguien le dedique una hora de su tiempo y su atención total a esto que estamos programando?” Se proponen muchas cosas, a veces hasta de broma pero siempre puede haber profundidad en las cosas y eso nos guía: el respeto hacia el tiempo de los demás.

Nosotros no podemos entrar a escuchar todo, pero sabemos que hay gente que viene precisamente a eso, como también hay personas que se arriesgan a escuchar algo que no conocen con tal de vivir la experiencia, si solo les queda ese horario, por ejemplo. Buscamos que la selección aporte algo a un nivel de experiencia, por lo menos. Que sea una buena experiencia haberlo escuchado. Y cuando hay una comunidad pidiendo algo, aunque nosotros creamos que no es tan buena experiencia, se lo damos porque va a valer para esa comunidad.

CC: Arquitectónicamente, ¿cómo definieron el diseño del espacio físico? Desde el recibidor hasta la sala de exposición del fondo.

Lulo: Eso fue, es y seguirá siendo un proceso iterativo. Y eso es raro porque la arquitectura es un proceso que se desarrolla en etapas donde tienes que conocer el resultado antes de empezar a construir, pero tenemos el privilegio de tener como socios del espacio a nuestros arquitectos, y junto con ellos nos permitimos ir descubriendo la obra conforme avanzaba. Eso tiene que ver con los acabados, las áreas y sus usos, la iluminación. De repente hasta hasta ciertos sistemas eléctricos. Es raro en la arquitectura porque es más costoso y menos predecible.

En la arquitectura quieres acabar y entregar, pero nuestro acercamiento a esto siempre ha sido desde la curiosidad y del “¿qué pasa así hacemos esto, qué pasa si hacemos aquello?”. El espacio en el que estamos ahorita es una es un buen ejemplo de eso. Esta plataforma la mandamos a hacer para un pop-up que hicimos con Hermanos Kumori, y después del evento pensamos: “¿qué tal si la traemos de vuelta a Sona? Es una arquitectura muy guiada por el “¿qué tal si…?”

Podemos crear un espacio donde estas bocinas se vuelven parte como de una escenografía, no hay muchos objetos pero hacen que cambie por completo el espacio. Seguimos descubriendo y encontrando ideas nuevas para el mismo.

Y el espacio es muy noble también: lo desnudamos de mucha decoración, los materiales son muy naturales, no hay materiales caros que sea muy costoso reemplazar. La arquitectura se vuelve como un amigo para poder ir transformando el lugar.

Pau: Tenemos un perfil de arquitectos muy particular. Estamos en un semisótano y de entrada eso propone una energía muy interesante para el espacio. Nuestros arquitectos entienden muy bien los espacios públicos y también tienen experiencia haciendo museografía. Ahí el mensaje y el arte es lo más importante y este conocimiento les da otra forma de pensar en un espacio y cómo se usa.

Creo que eso se siente en Sona, y esa flexibilidad que menciona Lulo puede venir del contexto de entender el arte y de ser itinerante. Lo más importante es eso, y el espacio debería acompañar ese arte.

CC: Es muy notoria la manera en que el lugar te invita a bajar la velocidad en cuanto entras, ¿podrían contarme cómo se ideó y materializó esa atmósfera?

Lulo: Echándole más flores a nuestros arquitectos: Eric López, con quien más trabajamos en la parte conceptual, trabaja mucho con conceptos abstractos porque, precisamente, hace museografía, cámaras de música y visuales. Entonces creo que tiene un entendimiento de la parte conceptual y abstracta muy desarrollado, y un concepto con el que jugamos mucho era el concepto de una palabra japonesa: Ma (間), que se puede interpretar como una pausa quieta, consciente.

Esto se aplica sobre todo al cine, la música o la arquitectura también. Y visualmente se traducen a estos vestíbulos o espacios en blanco, que no necesariamente están completamente en blanco, pero que de alguna manera te generan un descanso visual. Aquí lo aplicamos al espacio de té.

Mucho de eso tiene que ver con que no hay tanto mobiliario, que hay mucho espacio en blanco, que el ojo se va a ciertos lugares, pero no está ocupado en el centro. No hay tantas cosas que ver. Sí hay algunas piezas que te capturan la atención, pero fuera de eso no hay mucho donde perderse. También lo ligamos a que los colores del espacio son muy neutrales. Y la decoración es más emocional, por ejemplo.

La sensación de pausa se genera porque el espacio está pensado para ser ese paréntesis de la calle. Y ayuda que estemos en un sótano también. El sótano te desconecta, y el haberlo encontrado fue mera casualidad. No lo estábamos buscando específicamente, pero de alguna manera estás desconectado de la realidad, aunque la realidad sigue sucediendo a otro nivel afuera. Pero sumergirte, salir y entrar genera un estado mental de curiosidad, ¿no? Todo está pasando en otro plano físico y eso es importante.

CC: ¿Podrías darme un ejemplo de la decoración emocional que mencionaste?

Lulo: Los libros, por ejemplo, no son decoración. Están ahí para que interactúen con ellos y abras tu emoción, las exposiciones de arte están ahí con el mismo propósito. Hay algunos detalles: las bocinas que están en el baño no te están gritando “voltéame a ver”, pero en el momento en el que las descubres tienes un poco más de curiosidad, te acercas a ellas y se generan emociones.

CC: A mí me asombró mucho la primera vez que vine y me di cuenta de las bocinas. Yo pensé que eran sólo decoración y es algo que siempre le menciono a la gente que viene por primera vez: “mira, eso que no parece bocina es una bocina.”

Lulo: Ajá, es emocional, ¿no? No estamos tan acostumbrados a que los espacios sean emocionales, vivimos en espacios muy transaccionales. Yo fui consultor de diseño de experiencia muchos años, y recuerdo que para un proyecto de una sucursal bancaria en Perú propusimos que se pusiera un árbol en la sucursal. Para ellos fue un escándalo porque transaccionalmente el árbol no te da absolutamente nada. Pero emocionalmente da muchísimo.

Acá intencionalmente vamos dejando cositas que ayudan a capturar tu atención y eso te relaja de alguna manera.

Pau: Nos gusta activar la curiosidad. Tal vez eso es lo que pedimos de ti cuando llegues a Sona. Los lugares están optimizados para la transacción y para la foto. Vivir el espacio y compartirlo, el irte despojando de tus dispositivos, tomar el té, interactuar con los objetos y con la posible incomodidad de no saber qué hacer en un espacio de escucha, “¿a quién le pregunto?, ¿será que vengo sola o mejor vengo con amigos?”, “¿qué se espera de mí?” Todo eso genera fricción y a mí me me parece importante porque te hace estar alerta.

La mayoría de la gente nos dice que nunca han venido a un espacio así y eso hace que pregunten y exploren más. Llegan con tiempo precisamente para explorar y averiguar cómo interactuar con el espacio. Eso abre más tiempo para conversar y exprimir esa curiosidad.

La pausa nos la da también nuestra conexión humana: el estar en silencio esperando que empiece la sesión, o después charlando entre la misma comunidad. Nosotros mismos en el equipo nos seguimos preguntando: “¿dónde se conversa?” Pensamos en espacios públicos que propicien la interacción verbal con extraños y le damos mucha importancia a eso también.

Lulo: Ahora que te escuchaba la palabra “imaginación” me vino de regreso. Hay un arquitecto japonés que se llama Tadao Ando, y él está dedicando sus últimos años de vida a crear bibliotecas infantiles. En esta ciudad no hay muchos espacios que fomenten la creatividad para niños y mucho menos para adultos. Todo está en nuestros teléfonos.

El librero que tenemos lo curamos pensando en que genere imaginación, que haya ideas interesantes o imágenes, hay libros de niños también porque la imaginación se vuelve algo importante. Es relevante tenerlos porque tampoco hay bibliotecas públicas al alcance de todos.

Los libros son de los objetos más importantes que hay acá, junto con el arte. El componente de despertar la imaginación se vuelve parte de la experiencia.

Pau: La biblioteca refleja muchas de las ideas increíbles que también ayudaron a crear el espacio. Esos autores, autoras y personas increíbles con sus propias ideas, proyectos y conceptos muy humanos y al mismo tiempo muy básicos, también son recordatorios para nosotros de regresar esas fuentes de inspiración.

CC: En una ciudad que nunca para, para ustedes, ¿qué significa un lugar como el que han construido aquí? y qué quieren que signifique para quien viene a visitar.

Lulo: Lo que a mí más satisfacción me da es ver que para la gente ya es normal visitarnos como una parada más en sus días. Siento que aportamos un granito de arena para conformar la comunidad en esta colonia, por lo menos.

También está padre cuando la visita es una experiencia super especial para alguien que está de viaje. Pero para mi lo más satisfactorio es que se vuelva cotidiano para la comunidad.

Pau: Después de la pandemia entendí que el arte era una necesidad básica. Fue lo que nos salvó a muchos, o a todos, de existir en esa realidad tan loca. El poder crear un espacio que amplifica, que celebra y que hace accesible el arte me emociona mucho a nivel personal. Me hace feliz poder dedicar mi tiempo a eso.

Al pensar en Sona regresa a mí una frase: “ars longa, vita brevis”. El arte es infinito y la vida es corta. El espacio evoca eso: hay cosas más grandes, y podemos hacerlas accesibles de cierta manera.

La Ciudad de México está en un momento muy increíble en su historia moderna, y poder también aportar a todo este movimiento creativo también con una plataforma que inspire a todos los chilangos, quienes creo que tenemos mucha sed de inspiración y necesitamos el espacio para venir y conectar, para crear grandes cosas… a mí me da mucho propósito de vida y me cumple muchas necesidades personales de pausa, de comunidad, de belleza. Merecemos belleza también.

Lulo y yo venimos de trabajar en tecnología (Apple, Facebook), entonces también es nos mueve mucho regresar a un lugar físico donde podemos servir y poner nuestro tiempo para conectar en persona.

Lulo: Los dispositivos cada vez van a ser más demandantes de nuestra atención. Hay toda una industria detrás de ellos tratando de hacer que sean más adictivos, pero eso no nos está llevando a ningún lugar mejor del que partimos.

Hay que pelear de alguna manera. Con belleza, con cosas atractivas e interesantes que tengan más profundidad. Regresar un poco a encontrar esas cosas atractivas dentro de nosotros y verlas es el reto y buscamos cumplirlo en Sona.

Pau: Conozco personas que abrieron cafés o bares con estos mismos propósitos de hacer espacios de comunidad. Pero si justo ahora vamos a los espacios que están alrededor vamos a ver gente con los audífonos puestos y el celular y la pantalla enfrente, bloqueando cualquier estímulo de alguien más que te vaya a molestar. Nos pone incómodos la interacción persona a persona y es más sencillo interactuar a través de los dispositivos. Hacerlo con alguien más te pone en un lugar vulnerable.

Pero ahora que lo pienso, creo que nunca he visto a alguien con audífonos aquí adentro. El mismo espacio hace que te despojes tanto del aparato como de la necesidad de tenerlo. Aquí creo que se cumple la visión de la interacción humana.

Sona se encuentra en Cuernavaca 134, Hipódromo Condesa, CDMX. Puedes encontrar su calendario de sesiones aquí.

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