Por: Ana Tapia

Malacría es la primera novela de la escritora mexicana Elisa Díaz Castelo. Conocí a Elisa como poeta gracias al regalo de cumpleaños que me hizo un primo. No soy una gran lectora de poesía, pero los versos de Elisa en Planetas habitables lograron atraparme. En cuanto llegó su novela a la librería en la que trabajo leí la contraportada, “¿Cómo inciden en el presente los pasados que nos habitan, incluso aquellos de los que no tenemos conocimiento previo?” Con esa primera pregunta decidí leer Malacría.
Las historias sobre familias y las dinámicas que se hilvanan en ellas son un tema del que nunca se terminará de hablar. Pienso que el ámbito familiar es uno tan universal como particular y esta novela que habla sobre un linaje femenino, las heridas que lo atraviesan y la manera que estas se heredan, nos lo demuestra. La familia de Ele, la protagonista de esta historia, tiene circunstancias únicas, pero la manera en que sus integrantes se relacionan alrededor de estas es algo en lo que nos podemos reflejar quienes leemos esta novela.
La trama comienza con la búsqueda de la madre de Elena, Perla, quien desaparece un día por pie propio. Ele junto a la pareja de su madre, Jeni, y la perrita de la pareja, Valeriana, están decididas a encontrarla. Esta búsqueda es el detonante para que los secretos que Elena y sus antepasadas, Perla y Cecilia, guardan celosamente comiencen a develarse. A través de este camino conocemos la historia familiar de Ele, su madre y su abuela, la cual se encuentra marcada por los hombres que se alejan y por las relaciones que terminan.
Los matriarcados son muy comunes en México a pesar de o debido al machismo imperante que aún nos marca culturalmente, es muy normal que las familias estén formadas por madres solteras y padres ausentes. La historia intergeneracional de Elena la cuentan y construyen únicamente mujeres: “Los pocos ancestros hombres de los que tenía noticia ocupaban un sitio más bien marginal en las historias familiares y parecían dudar de su propia existencia” (p.46). En mi caso, dentro de mi familia hay una parte de la historia familiar que nos pertenece únicamente a las mujeres. Parece que siempre hemos sido mayoría femenina, y desde pequeña me acostumbré a los espacios en que éramos solo nosotras. Poco a poco aprendí a distinguir las historias que eran sólo nuestras. Esta es la misma sensación que me causó leer Malacría. Elisa Díaz Castelo nos dejó entrar en lo más íntimo de esta familia formada por hijas y madres solteras para conocer las heridas que se han causado entre ellas. ¿Es algo común en todas las familias mexicanas tener una mitología únicamente femenina?
La novela nos permite conocer a través de sus propias palabras las historias de las tres integrantes de esta familia, aunque en realidad a la única a la que seguimos conforme avanza la historia es a Elena en su búsqueda, la novela intercala otras dos narraciones en distintos formatos y cada una de estas pertenece a la parte de la historia que Cecilia y Perla deciden contar. Gracias a esto, la novela nunca se torna monótona, por el contrario, se vuelve intrigante por su manera de irnos revelando poco a poco la narración de cada una de ellas.
Esta historia está fuertemente marcada por el lenguaje. Por un lado, tenemos la elección precisa de palabras por parte de Elisa para construir este mundo, con descripciones como: “Su madre le enseñó a Ele a enjabonar el cuerpo delicado, a limpiar las escaras, esa topografía de la aflicción, esas grutas de sangre que son heridas que ningún arma produce, sólo el tiempo” (p.40); los adjetivos que escoge Elisa contribuyen a la atmósfera que tiene la novela, ya que al pasar por las narraciones a medias y algo crípticas de estas mujeres, no siempre sabemos qué es sueño y que es realidad, qué es mentira y qué es verdad.
Por otro lado, la narración se encuentra entrelazada con otros dos idiomas además del español: el inglés y el alemán. Ambas lenguas corresponden a las parejas de Perla y Cecilia. Jeni es una mujer estadounidense, quien demuestra tener un buen manejo del español, pero por momentos aún mezcla palabras y estructuras de su lengua materna, dando como resultado un español un poco roto. A pesar de ello, parece ser la que mejor se comunica con Ele, y con sus conversaciones torpes y llenas de calcos de una lengua a otra van a encontrando las piezas que las ayudarán a descubrir qué fue de Perla.
La abuela de Ele se enamoró de un alemán que “Llegó vestido de palabras sin significado” (p.77). Cecilia siempre quiso entender este idioma de muchas consonantes juntas y en su vejez, cuando el doctor le sugirió aprender una nueva habilidad, ella decidió retomar sus estudios de esta lengua. Es a través de sus apuntes de clase que conocemos la historia de Cecilia. El cuaderno contiene frases en alemán y su respectiva traducción, a veces son varias y en ocasiones una única frase. Debajo de lo escolar se encuentran las palabras de Cecilia contando su historia.
La parte correspondiente a Perla está dada en pequeñas secciones tituladas Perfekt. Esta palabra es con la que se designa al tiempo verbal pretérito perfecto del alemán, y en este tiempo Perla nos cuenta las acciones pasadas que continúan repercutiendo en el presente. Perla cuenta sobre su niñez y cómo fue crecer con Cecilia como madre. Su narración nos deja ver heridas profundas que atraviesan a las tres generaciones que conforman esta familia. La comunicación entre estas mujeres siempre ha sido complicada, pero parece que al encontrarse con otras lenguas es más fácil comunicarse, dejarse llevar. Elena lo enuncia al hablar de su abuela con Jeni:
—No sé si le gustaba el alemán, pero le gustó un alemán, eso seguro. Creo que estudiaba sólo para imaginar que hablaba con él en su lengua. Además, ya para entonces ella no estaba bien. Quién sabe. Quizá la lengua materna de quienes amamos siempre es ajena. Y amarlos significa estar dispuesta a estudiar durante años y sin éxito un idioma indescifrable (p.75).
La comunicación es uno de los grandes temas de esta novela. La comunicación entre distintos idiomas, de una generación a otra, entre cada pareja. En este sentido pienso que el lenguaje nunca deja de ser un tema central que reflexionar en la novela.
Elena también tiene sus propias heridas, su propia relación rota con un hombre, que ya no responde a sus mensajes, y sus propios secretos. Entonces la novela se vuelve a centrar en el problema de la comunicación o la imposibilidad de lograrla. A través de esta búsqueda acompañamos a Ele para armar su historia familiar que siempre le han contado a medias y sobre la cual aún tiene muchas interrogantes que resolver. El lenguaje está fragmentado en cada una de estas historias, un intento de comunicación fallido, cortado, que pareciera un teléfono descompuesto donde uno obtiene pequeños trozos de la historia. La narración toma esos pedazos y, al mostrarlos juntos, aunque no necesariamente unidos, crea un mosaico que representa la complejidad de la historia familiar.
Pienso que Elisa construye una historia muy vasta y particular a la vez. Utiliza elementos que nos pueden sonar familiares a todes, como la costumbre de cortar rostros de las fotos antiguas de algún indeseable o rescatar animales en situación de calle sin ningún miramiento, para después llevarnos a la particularidad de la terrible historia de vida de estas mujeres. Cada una de ellas sufrió gravemente y este dolor permeó a la siguiente marcándolas aún sin intención, pero también en cada una de ellas hubo un intento de crear lazos y de mostrar amor por la otra. Perla procuró la dignidad de su madre en su vejez y enseñó a Ele a cuidar de su abuela con ternura, y Elena procura a su vez la dignidad de su madre y honra su confianza al guardar un secreto que es cuestionable que le esconda a su propia pareja, pero son parte de los pequeños pactos que hacen que la familia funcione a pesar de su disfuncionalidad.
Tolstoi escribió en una de las primeras líneas más conocidas de la literatura: “Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz es infeliz a su modo” (p.17), y Elisa Díaz Castelo nos lo confirma con esta novela. La infelicidad tiene un color distinto en cada familia, el de esta es oscuro, pero deslumbrante.
Obras citadas:
Díaz Castelo, Elisa. Malacría, Sexto piso, 2025, Ciudad de México.Tolstói, Lev. Anna Karenina, Alianza editorial, 2013, Ciudad de México.